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De la A a la Z Parte 1; las vitaminas liposolubles
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Es común que cuando nos sentimos cansados o tensos o con la idea de mantener nuestro cuerpo en condiciones óptimas decidamos consumir pastillas o jarabes multivitamínicos que ofrecen cubrir todas nuestras necesidades de todas las vitaminas y los minerales para ese día. Sin embargo, ¿qué tan conveniente será tomar estos complementos que contienen grandes cantidades de todas estas sustancias?

En el presente artículo discutiremos la importancia de las vitaminas y de algunos minerales para el cuerpo humano, así como los grupos específicos de la población que requieren de forma especial algunas de estas sustancias, y por último discutiremos sobre los beneficios y los riesgos de la suplementación regular.

Además de los hidratos de carbono y la grasa que nuestro cuerpo utiliza para obtener energía, y de las proteínas que nos sirven para construir tejidos como músculos, piel, uñas, dientes y sangre, nuestro cuerpo necesita otras sustancias que sirven para facilitar y acelerar las reacciones del metabolismo. Dichas sustancias se conocen como vitaminas y minerales.

Existen al menos 12 sustancias consideradas como vitaminas, aunque en los últimos tiempos se han descubierto otras como el inositol y la colina que se cree que cumplen con las mismas funciones. Se divide a las vitaminas, según su solubilidad en agua en hidrofílicas, entre las que se encuentran la vitamina C y el conjunto de sustancias conocidas como complejo B, y las hidrofóbicas o solubles en grasa que incluyen a la vitaminas A, D, E y K.

Discutamos las vitaminas liposolubles. La vitamina A o retinol (su nombre científico) se encuentra en las carnes rojas y especialmente en las verduras de hojas verde oscuro (como las espinacas, acelgas, berros, lechugas, etc.) y frutas rojas, amarillas y anaranjadas. Su función en el cuerpo está relacionada con la correcta visión, pero además es un muy poderoso antioxidante. Los antioxidantes, como su nombre lo indica, son las moléculas que nos protegen de la acción dañina de los radicales (o moléculas inestables) del oxígeno que se desprende de la combustión de los coches y de otras fuentes de contaminación y que son las responsables del envejecimiento temprano de nuestros tejidos. Cuando nuestros tejidos son atacados por estos “radicales libres” son mucho más susceptibles a alterarse, causando crecimientos cancerosos y otras alteraciones inmunes, pero también son más débiles y resisten menos el ataque de las infecciones y envejecen más rápido, con lo que nos vemos más arrugados, perdemos pelo y nos llenamos de pecas. En una ciudad como el Distrito Federal, donde estamos continuamente expuestos al ataque de los radicales del oxígeno es especialmente importante asegurarnos de que consumimos cantidades suficientes de vitaminas antioxidantes como la A, pero también como la C (ácido ascórbico) y la E (tocoferoles).

La vitamina D o calciferol es la responsable de fijar al calcio y al fósforo en nuestros huesos, lo que los vuelve más firmes y resistentes. La acción de fijar a los minerales a los huesos requiere de luz ultravioleta del sol (de allí la recomendación de asolear a los recién nacidos). La vitamina D se encuentra en los productos lácteos, pero también puede ser sintetizada por nuestro organismo.

La vitamina E o tocoferoles se encuentra en las carnes rojas y otras grasas de origen animal como la mantequilla y también en la cáscara de los cereales, y por lo tanto, en los productos de cereal integral. Su principal función es como antioxidante, aunque participa en numerosas reacciones en el cuerpo.

La vitamina K es una sustancia relacionada con la correcta coagulación de la sangre. Las personas que tienen propensión a los infartos o que han sido diagnosticados con enfermedad cardiovascular o alta tensión arterial deben de tener mucho cuidado con la suplementación de esta vitamina, ya que en exceso puede favorecer la formación de coágulos sanguíneos que pueden provocar infartos, embolias y otros padecimientos. El efecto contrario, o sea el adelgazamientos de la sangre se logra cuando se suplementa a los individuos con pequeñas dosis de aspirina. Sin embargo, su ingesta indiscriminada también acarrea riesgos para la salud, pues estas personas tienen problemas para cicatrizar en caso de accidente u operación quirúrgica. Por lo tanto, el balance ideal de vitamina K y aspirina debe ser determinado por un médico. Para los que no tenemos enfermedades relacionadas con la coagulación sanguínea, lo ideal es obtener la vitamina K de la dieta, de la que se obtiene en cantidades suficientes fácilmente.

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