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En este verano… hidrátate correctamente
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El agua es el principal constituyente de nuestro cuerpo. No sólo somos en mayoría agua, los adultos tenemos cerca de un 50%, mientras que los niños pueden llegar a concentraciones de hasta 75% de agua por contener menos grasa depositada en el cuerpo, sino que el agua es el principal medio de reacción de nuestro cuerpo.

Gracias a la concentración de agua en el sistema podemos respirar, digerir y obtener una mejor circulación sanguínea. En todos estos procesos el agua es fundamental. También para la excreción es esencial el agua. Todos los tóxicos que ingerimos, comemos o inhalamos, ya sea intencional o no, y que incluyen a la cafeína, nicotina, medicamentos, sal, alcohol y otros muchos más, son diluidos en agua en el sistema urinario excretor, en el riñón, y luego convertidos en orina para eliminarlos. Sin agua nuestro cuerpo no funciona.

Y es por esto que el agua se considera sustancia esencial para la vida y cuando nos falta agua, el sistema deja de funcionar al máximo de sus capacidades y se debilita. Por eso es importante tomar suficiente agua cada día. El problema es cuánto es suficiente. Y es que la cantidad de agua que cada cuerpo requiere depende de su sexo, edad, peso, talla y composición corporales, pero sobre todo del clima y de la actividad física que cada uno realiza.

En general, entre más grande un cuerpo y entre más músculo contenga más agua requiere para su correcto funcionamiento. En climas muy calientes o en los que son fríos, pero secos se pierde más agua por sudoración o por deshidratación directa por lo que es especialmente importante.

Cuando uno realiza mucha actividad física, sobre todo en forma de deporte, que es más extenuante, y sobre todo cuando ésta se realiza al aire libre y expuesto al sol directo o indirecto.

La recomendación general es consumir entre 6 y 8 vasos de agua, de preferencia sola aunque todos los líquidos y bebidas contribuyen de alguna manera a la hidratación, todos los días. Esta agua, más la que obtenemos a través de alimentos líquidos como el yogur, la sopa o los platos de fruta son suficientes para personas moderadamente activas que viven en un clima templado.

Si las condiciones son diferentes y o bien hace más calor, se realiza más actividad física, o ambos, hay que incrementar la cantidad de agua ingerida.

Sin embargo, valen la pena dos notas precautorias:

La primera, que más agua no siempre es necesariamente mejor. El exceso en el consumo de agua fomenta la pérdida de electrolitos esenciales, diluyen demasiado la sangre y los jugos gástricos y termina por lastimarnos. Así que ni tanto que queme al santo y ni tanto que no lo alumbre. Un consumo de entre 1.5 a 2 litros diarios es el correcto.

De hecho, las recomendaciones internacionales hablan de 1 ml de agua por cada caloría consumida, o sea 2000 Kcal en promedio para un adulto lo que nos lleva a 2000 ml, o dos litros de a agua. Lo ideal, además es consumir agua poco a poco, a lo largo de todo el día y no toda junta, lo que se ha demostrado no es tan efectivo para realmente hidratar, sino que sólo genera grandes volúmenes de orina.

Otra cuestión a considerar es que cuando nos deshidratamos no sólo perdemos agua, sino además minerales diluidos en ella. Así, para recuperarse correctamente hay que consumir agua, por supuesto, pero también reponer el sodio, potasio, cloro y otros electrolitos o minerales eliminados. Si el ejercicio fue moderado o en un lugar con techo, una fruta consumida inmediatamente después nos ayuda a reponer los minerales perdidos y la energía gastada (por medio de sus azúcares).

Queda claro, no hay que esperar a tener sed para beber agua. Cuando uno siente la lengua pastosa, sufre de mareos y náuseas, se siente débil o con calambres, es demasiado tarde, uno está sufriendo los primeros síntomas de la deshidratación y el cuerpo ha perdido al menos 1% de su peso total en agua.

Hay que beber agua antes, durante y después de los entrenamientos, pero también todos los días en intervalos regulares para garantizar una correcta hidratación. Solo así aseguramos el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo y nuestro mejor rendimiento físico y mental.

Y sólo así protegemos a nuestro sistema de las consecuencias de la deshidratación.

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