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Una buena razón para comer menos carne y productos de origen animal: la ecología y el cuidado del agua
Una buena razón para comer menos carne y productos de origen animal: la ecología y el cuidado del agua

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Cada vez la evidencia es mayor: estamos dañando irremediablemente al planeta con nuestro estilo de vida. El clima ha cambiado, los polos se derriten, el aire está contaminado y el agua no alcanza. Queda claro: si seguimos al paso que vamos la tierra será casi inhabitable en unos pocos años. Tenemos que cambiar… y lo estamos tratando de hacer; pero, ¿serán las soluciones elegidas las más efectivas?

Suena raro, pero quizá una de las mejores acciones que podemos tomar para proteger el medio ambiente y ahorrar agua es dejar de comer carne roja al menos un día de la semana. Así es, y es que la producción de carne, en especial de carne roja, de la que se obtiene de los animales rumiantes es muy poco ecológica.

Resulta que para que una animal engorde un kilogramo de carne (que una familia mexicana consume en un día con facilidad) requiere de comer mucho pasto o granos obtenidos de sembradíos de pastizal. La conversión de pasto en carne es un proceso poco eficiente y hay quien calcula que se requieren 100 metros cuadrados de alimentos por kilo de carne. Según Julio Bareas, responsable de aguas de Greenpeace, para producir un kilogramo de bisteces o arracheras se utilizan hasta 10 000 (¡así es diez mil!) litros de agua, que es 10 veces más que lo necesario para producir un kilogramo de maíz u otro cereal.

Los animales rumiantes también contribuyen intensamente al calentamiento global mientras producen carne. Y es que son animales muy flatulentos. En su proceso de digestión las reces, ovejas y otros rumiantes producen mucho metano, uno de los gases asociados al efecto invernadero que ha calentado la superficie de la tierra y contribuido al cambio climático. El peor productor de metano es la res; se calcula que una oveja produce al año algo así como 8 Kg de metano que espesan la atmósfera, mientras que una res o vaca productora de carne produce entre 60 y 70 Kg de este gas. La emisión de cada oveja al año supone el equivalente a conducir un automóvil tipo europeo 1.000 kilómetros en ese periodo de tiempo.

Según los expertos la emisión de metano del intestino de los animales depende de su tipo de vida y alimentación. En general aquellos que viven en un establo producen más gas, se cree que por consumir más granos.

De manera que, si tú, querida amiga, estás preocupada por el ambiente y les deseas a tus hijos un mundo más equilibrado, un aire más respirable y una agua más limpia, tal vez debas unirte al grupo de personas que deciden no comer productos de origen animal (de rumiantes) un día de la semana… el sacrifico es pequeño y el ahorro en agua, en emisiones de gas y en el efecto en el clima puede ser mucho.

Disfruta en tu día libre de carne combinaciones de leguminosa con cereal (como enfrijoladas o pasta fría con chícharo seco y verduras) como plato fuerte; recuerda que la calidad proteica que se logra en estos platillos es similar a la de los productos de origen animal y su valor de saciedad también. Aprovecha para recrear algunas preparaciones vegetarianas tradicionales mexicanas como tacos de papa, panuchos, enfrijoladas o tlacoyos de haba. ¿Qué tal unos huauzontles cocidos en salsa de pasilla y capeados con huevo? desayuna avena calientita con pera rallada, o tacos de haba y cena una rica ensalada.

Recuerda que el compromiso es no solo eliminar la carne de medio día o en la noche: se trata de comer productos de origen animal (sobre todo los que provienen de animales grandes, de los conocidos como rumiantes) durante todo el día y eso incluye carne, jamón o salchicha, queso, leche, crema y mantequilla.

El compromiso no es fácil. Experimentarlo te permitirá ver lo dependientes que somos en nuestra dieta actual de los productos de origen animal, pero tu conciencia estará mucho más tranquila… el mundo te lo agradecerá y tu salud también.

Finalmente los alimentos de origen animal, sobre todo los que provienen de las reses comparten la característica de ser ricos en grasa saturada, de contener al menos algo de colesterol y en general, de ayudar a predisponer a la enfermedad cardiovascular por propiciar un desequilibro en los lípidos (grasas) en la sangre.

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