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Comprendiendo nuestros procesos digestivos y el papel de la microbiota y su relación con la obesidad
Comprendiendo nuestros procesos digestivos y el papel de la microbiota y su relación con la obesidad

Comprendiendo nuestros procesos digestivos y el papel de la microbiota y su relación con la obesidad

Parte II

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Volviendo al interior de nuestro intestino, imagínate que además de las rugosidades y dobleces que lo forman y de los vellitos que lo recubren, en el interior de nuestro organismo viven una gran cantidad de microorganismos, en número casi igual (aproximadamente) al total de células en nuestro organismo. Uno podría pensar que la presencia de estos microorganismos en el interior de nuestro cuerpo nos pone en riesgo de enfermedad o pueden ser dañinos . Pero la verdad es que estos organismos no solo no son dañinos, sino que nos ayudan a tener una mejor digestión. De hecho, hay pocos parámetros fisiológicos e inmunológicos que no están profundamente afectados por la presencia y naturaleza de la microbiota normal del cuerpo, siendo la resistencia del huésped a las infecciones uno de los factores más prominentes.

La microbiota normal, flora microbiana normal o microbiana humano, es el conjunto de microorganismos que se localizan de manera normal en distintos sitios del cuerpo humano. Algunas familias de estas bacterias nos ayudan a desdoblar los alimentos, digiriéndolos ellos, antes de ser absorbidos por nosotros. En algunos casos, incluso, nos ayudan a fabricar nutrimentos esenciales, como sucede con algunas vitaminas y a absorber ácidos grasos de cadena corta e intermedia. Este tipo de relación entre especies, en este caso las bacterias y nosotros, se llama simbiosis, pues permite a ambas partes sacar provecho sin dañarse mutuamente. Las bacterias sobreviven, pues reciben alimento del que nosotros ingerimos y a nosotros se nos facilita la digestión del mismo.

Otros organismos nos ayudan a defendernos de las bacterias o virus dañinos que puedan penetrar a nuestro aparato digestivo a través de los alimentos u otros agentes de infección. Lo que hacen es crear condiciones que son favorables a nuestra flora intestinal pero no lo son para los agentes invasores que acaban por morir en el medio adverso. Otras veces, actúan como macrófagos, o sea, eliminan las otras especies de microorganismos. Además, por la presencia de la biota intestinal, el alimento es escaso para los virus y bacterias dañinos, que no se pueden reproducir a su potencial y, por lo tanto, no son tan agresivos para la persona. Y finalmente, hay otras bacterias que forman parte de nuestra flora intestinal que nos ayudan a hacer el tránsito intestinal más sencillo, ayudando así a facilitar la digestión y excreción. En esta función, la flora intestinal juega un papel semejante al de la fibra soluble.

La mayoría de estos organismos se alojan en el colon (una porción del intestino grueso), donde tienen tal actividad que hoy en día se considera a éste el órgano más metabólicamente activo del cuerpo. Están allí en cantidades gigantescas. Se calcula que en cada gramo de materia fecal se excretan 10 billones de microorganismos y se sabe que en nuestro sistema viven más de 40 especies distintas. Cabe señalar que, para que estas especies sean benéficas para el cuerpo, es fundamental que se mantenga el equilibrio entre ellas, pues existen algunas que si vivieran solas podrían ser dañinas para el individuo. En el ser humano es frecuente encontrar como parte del bioma intestinal miembros de las familias ácido lácticas como las bifidobacterium, los lactobacilos y los streptococcus y algunas otras bacterias anaeróbicas como los clostridium de varios géneros. La composición de la flora intestinal cambia a lo largo de la vida y, por ejemplo, es frecuente que los ancianos tengan una menor porción de bífido bacterias y, por lo tanto, una mayor dificultad para excretar, mientras que los géneros entero bacterias y clostridium perfringens, responsables de combatir agentes infecciosos, aumentan. Hoy sabemos que la microbiota cambia con distintas enfermedades, sobre todo en sujetos con sobrepeso y en aquellos que consumen antibióticos y otros medicamentos regularmente; se ha descubierto que puede estar relacionada con mucho más enfermedades y padecimientos. Su estudio hoy está en boga.

Aunque la microbiota existe y convive con nosotros independientemente de lo que hagamos o pensemos de estos organismos, sí existen condiciones que la pueden dañar, causando molestias digestivas al individuo. Cuando uno ha sufrido de un ataque de diarrea muy violento o ha presentado episodios de vómito intensos, es frecuente que la población de organismos en el intestino disminuya drásticamente. Lo mismo ocurre cuando se toma un antibiótico u otro medicamento contra microorganismos. Esta sustancia elimina no solo a los agentes patógenos sino que mata también a nuestros organismos huéspedes. Es común, por lo tanto, que cuando se ha vivido una situación así, la persona tenga dificultades para digerir o esté sensible a las enfermedades infecciosas. Es notable observar que cuando la microbiota está dañada resulta muy difícil digerir la lactosa o el gluten, el azúcar de la leche, la proteína del trigo y algunos cereales. La mayoría de las personas sienten su intestino irritado, inflamado y lleno de gases cuando consumen estos productos. Es por esto que, mientras se reconstituye la bioma intestinal es recomendable consumir una dieta rica en fibra soluble, probiótico que sirve como alimento al bioma y favorece su crecimiento. 

Existen intervenciones diseñadas especialmente para reconstituir la vida intestinal y que muchas veces incluyen el consumo de bacterias vivas. Éstas se pueden ingerir en forma de pastillas o líquidos (el tratamiento más tradicional es con ampolletas de levadura de cerveza aunque ahora se pueden encontrar en tiendas especializadas todo tipo de pastillas que contienen un solo género o todas las familias de organismos que constituyen la flora intestinal) o bien a través de alimentos llamados probióticos, que son alimentos diseñados específicamente para mejorar la calidad y cantidad de la biota intestinal.

Finalmente, resulta interesante meditar que los microorganismos que son benéficos para una especie pueden ser potencialmente dañinos para otra. Así, por ejemplo, las gallinas tienen en su flora intestinal salmonellas que a ellas les ayudan a tener un sistema digestivo sano, pero que si son consumidas por el humano como residuo en carne de pollo o en el huevo, pueden causar infecciones que van desde molestas hasta graves. Es por esto que se recomienda nunca consumir productos de ave crudos o mal cocidos y desechar aquellas piezas de huevo que estén manchadas con material fecal.
Ahora sí que, cada quién su flora intestinal.

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