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Papillas nutritivas para menores de un año
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Cocina con Alegría

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La ablactación es la introducción de alimentos distintos a la leche en la dieta de un bebé. En un principio, este proceso tiene fines más bien educativos y sensoriales (de disfrute y relación con sabores y colores, además de texturas nuevas) más que de nutrición. Hasta por lo menos los seis meses de vida la leche materna contiene todos los nutrimentos que el bebé requiere (las fórmulas lácteas que se usan para sustituirla también). Es muy importante introducir los alimentos en la dieta de manera ordenada. Solo así se puede detectar si un alimento causa alergias, intolerancias o molestias digestivas al pequeño.

Lo ideal es introducir un alimento por uno. Empezar con una cucharada y luego ofrecer el mismo alimentos por tres días, dos tomas por día (en la mañana y en la tarde) en una cantidad moderada (dos cucharadas). Al cuarto día se puede introducir otro alimento distinto. Es importante elegir tomas de leche en las que el bebé esté tranquilo y despierto para introducir alimentos en la dieta, también es importante siempre ofrecer primero la leche y luego el alimento sólido, por lo menos en el primer mes de ablactación.

La edad de ablactación se ha ido retrasando cada vez más para evitar problemas digestivos y de alergias y en reconocimiento por los valores nutrimentales de la leche. Cuando antes se alicataba a los dos o tres meses (o incluso antes) hoy se recomienda comenzar a introducir alimentos sólidos en la dieta entre los cuatro y seis meses, dependiendo de la madurez del bebé y del interés que muestre en comer. Un niño más maduro, erguido e interesado se ablacta antes. Lo ideal es comenzar a introducir alimentos como frutas o verduras como primera opción. Se puede comenzar con cualquiera de los dos grupos, pero las frutas muchas veces son elegidas por su sabor dulce y su textura suave. Se pueden ofrecer crudas o ligeramente cocidas, ralladas con una cuchara o molidas en la licuadora. Se puede ofrecer, manzana, plátano, mango, papaya, guayaba sin huesitos o pera. Destaca esta última, la pera en todas sus deliciosas variedades, por su suave sabor, su textura muy fácil de aceptar y su jugosidad que les encanta a los pequeños. Es fácil de rallar en crudo y cuando se hierve ligeramente y se tritura, hace una papilla suave y jugosa, muy lisita, que hasta los bebés más remilgosos aceptan.

Si se prefiere empezar con verduras las más recomendadas por su sabor, textura y aporten nutrimental son las zanahorias, el chayote, la papa, los chícharos frescos o el camote amarillo o blanco. Las calabacitas o el brócoli no se recomiendan tanto pues pueden causar molestias digestivas.

La ventaja de preparar papillas caseras en vez de comprar las ya preparadas está en que así estaremos seguros de usar ingredientes frescos y de la más alta calidad; pero sobre todo en las papillas caseras no se agrega ni sal ni azúcar, ni grasa ni almidones o espesantes en las preparaciones, mientras que muchas papillas comerciales si contienen estos ingredientes que pueden cambiar la sensibilidad del paladar del pequeño y contribuir a que gane peso corporal. Cuando se elija una papilla preparada comercialmente vale la pena verificar que no tenga ninguno de estos ingredientes añadidos. El precio de las papillas caseras también es menor a las compradas ya preparadas. Además, el pequeño, cuando prueba alimentos caseros y frescos se acostumbra a una variedad más amplia de sabores y texturas en el mismo ingrediente (los mangos frescos no siempre saben iguales ni tienen la misma cantidad de fibra o el mismo jugo, mientras que las papillas preparadas siempre son idénticas).

A partir del séptimo mes se pueden introducir en la dieta carnes como pollo, ternera, hígado o res; al octavo mes leguminosas hervidas como frijol, enteja o garbanzo y lácteos, como yogur, crema o queso.

La meta es que cerca del año el bebé se pueda incorporar a la dieta familiar comiendo alimentos picados.
Algunos alimentos que deben evitarse por lo menos hasta el primer cumpleaños por ser alergénicos son:

  • La fresa y otras moras
  • La miel de abeja
  • Los cítricos (naranja, mandarina o limón)
  • El chocolate
  • Los pescados y mariscos

De beber es mejor ofrecer al pequeño agua sola, aunque una porción pequeña de jugo natural (por ejemplo de pera o manzana) se puede ofrecer de vez en cuando en vez de una porción de fruta. Esto funciona bien cuando el pequeño se encuentra mormado o agripado pues requiere más líquidos y tiene más dificultad para la aceptación de alimentos sólidos.

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