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La importancia de los buenos hábitos como parte de la herencia familiar

A nuestros hijos no sólo debemos enseñarles a comer correctamente. Hay otro gran regalo que podemos hacer con respecto a su alimentación, que puede ayudarlos a vivir con mayor bienestar a mediano plazo. Se trata de mostrarles cómo comer. Así es, los hábitos alimentarios son casi tan importantes como el tipo y cantidad de alimentos […]
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A nuestros hijos no sólo debemos enseñarles a comer correctamente. Hay otro gran regalo que podemos hacer con respecto a su alimentación, que puede ayudarlos a vivir con mayor bienestar a mediano plazo. Se trata de mostrarles cómo comer. Así es, los hábitos alimentarios son casi tan importantes como el tipo y cantidad de alimentos que se eligen.

La velocidad a la que comemos, el horario en el que lo hacemos y la forma en la que comemos van a ser determinantes a mediano plazo en nuestra salud, nuestro peso corporal y nuestra posibilidad de enfermarnos.

Por ejemplo, hay evidencia que muestra que las personas que comen muy rápido tienden a comer siempre un poco de más y eso a mediano plazo se asocia con la ganancia de peso y la acumulación de grasa en el cuerpo. Y es que cuando uno come muy rápidamente, la sensación de saciedad, que tarda más o menos 20 minutos en generarse a nivel cerebral como respuesta a una indicación del estómago, llega cuando ya hemos comido de más y por eso nos sentimos a reventar.
 
Algunos de los buenos hábitos que podemos inculcarle a nuestros hijos desde chicos como parte de sus rutinas cotidianas y que los ayudarán a tener una vida más saludable incluyen:

  • Come despacio, mastica siempre cada bocado y suelta el cubierto entre bocado y bocado.
  • Come sentado en una mesa siempre, de preferencia usa cubiertos y un lugar bien puesto.
  • Evita comer mientras caminas, en el coche o mientras hace otra cosa.
  • No comas cuando ves la tele, lees o trabajes.
  • Disfruta cada bocado y saboréalo conscientemente.
  • Aprovecha la hora de la comida para conversar y convivir con la familia.
  • Desayuna siempre.
  • No te saltes comidas.
  • Desayuna y come más fuerte, pero cena más ligero.
  • Come dos pequeños refrigerios a media mañana y a media tarde.
  • Bebe suficientes líquidos, durante todo el día y no sólo en las comidas.
  • Da bocados pequeños.

Y por supuesto, come con menos sal, azúcar o cocina con poca grasa; elige bebidas sin azúcar o agua sola; cocina con un enfoque a la salud seleccionando los ingredientes más ricos, pero también las preparaciones más saludables y menos energéticas.
 
Todo esto se aprende de lo que se ve, de manera que cada comida es una oportunidad para educar a los hijos en los correctos hábitos alimentarios que les serán una herramienta de bienestar para toda la vida.
 
Date tu tiempo de comer en paz, de disfrutar la comida y de platicar con tus hijos. Y en el camino, edúcalos a hacer lo mismo.

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