Cocina con Alegría

Enero, mes de promesas

Enero, mes de promesas

Enero, mes de promesas

Siempre comenzamos el año con una lista de promesas y propósitos que cumplir.

Es inevitable sentir que las vacaciones de invierno estuvieron llenas de fiestas y comida, de momentos muy agradables y llenos de cariño o encuentros que en realidad no queríamos vivir. La nostalgia de los que ya no están y son recordados por sus deliciosos platillos, la dificultad decir adiós a seres queridos con los que quisiéramos pasar más tiempo, en fin, un mundo de emociones que pasa tan rápido que sin darnos cuenta llega el momento de despedir el año anterior, para recibir el año que inicia.

Y ¡Bienvenida realidad! Enero siempre es un mes lleno de promesas, de propósitos, es cuando nos decimos: ”Ahora sí empezaré la dieta, el ejercicio, a trabajar, seré mejor persona, estudiaré, dejaré…, etc.” Pero la realidad es que arrastramos los propósitos del año anterior por varios años más. Son ideales que queremos alcanzar porque pensamos que nos darán un “sentido de vida”.

Durante nuestra vida hemos creado rituales para sentirnos seguros, empezaron como una conducta que nos ayudó durante algún tiempo, pero hoy más que servirnos nos dejan agotados, y poco a poco nos convencemos de que no podremos vivir sin ellos. Para los que somos comedores emocionales, estar a dieta o estar adelgazando, se ha vuelto parte de estos rituales e inevitablemente esto se vuelve contra nosotros, ya que al hacerlos una y otra vez, en realidad nos estamos negando el placer de obtener salud y bienestar cuando elegimos qué comer y qué queremos hacer.

Estar preocupados por el peso y la dieta, es una forma de no estar en mi, de no ver lo que sucede en mi vida y hacerme responsable de resolver lo que está pasando en mi entorno. Es una manera de no querer sentirme, porque asusta tocar mis emociones, pero solo estando en contacto con ellas y haciéndome cargo de mi incomodidad podré darme lo que necesito para vivir plenamente.
Te invito a que revises tus propósitos de este año y que te preguntes: ¿Esto es quien yo quiero ser? Y que descubras si con ellos lo vas a lograr. Si cambiamos la forma de vernos y dejamos de estar imaginando quién quiero llegar a ser, entonces puedo mirarme con amor, ver quien soy y así, mis propósitos podrán cambiarse por metas alcanzables. Los propósitos, al salir de una necesidad real y no de un sueño inaccesible o de cubrir las expectativas de otros, tendrán la suficiente energía que da el “¡yo quiero!” para poderse cumplir.

Cambia tu propósito de “estar a dieta” por “este año me daré salud” y así, podrás encontrar diferentes caminos que te lleven a tener salud y bienestar sin problema. Alimentos que te hagan sentir bien y saludable, ejercicio que te divierta y no para bajar de talla, sino para sentirte bien. Busca lecturas con las que aprendas, conversaciones que te nutran y que no te desgasten, etc. Las opciones se vuelven infinitas y por lo tanto la posibilidad de llegar al objetivo es real que solamente depende de ti.

Y tú, ¿Cómo quieres iniciar este año?
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