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La cafeína y sus efectos en el organismo
La cafeína y sus efectos en el organismo

La cafeína y sus efectos en el organismo

Primera parte
Cocina con Alegría

Recetas de comida, botanas, postres, ensaladas y mucho más, y los mejores consejos de nuestros chefs, nutriólogos y coaches

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Se dice que el emperador chino Shen Nung, alrededor del año 2700 a.C., ya bebía té caliente y que apreciaba esta bebida porque lo hacía sentir más alerta. Se sabe también que el café es originario de África, donde los granos se usaban como monedas o se consumían como alimento, especialmente en las épocas de hambruna o para alimentar a los ejércitos cuando iban a enfrentar una batalla cruenta. 

Por otro lado, los pobladores de Mesoamérica empleaban el chocolate para dar valor a los guerreros, vigor sexual a los emperadores y aliviar el hambre de los pueblos durante los períodos de sequía y de falta de alimentos.

Sea como sea, hoy sabemos que la cafeína es el principal alcaloide del café, y que está presente en diferentes concentraciones en muchas especies vegetales entre las que destacan las hojas de té —sobre todo si son negras o fermentadas—, las nueces de cola y los granos de cacao. También podemos encontrar cafeína en productos industrializados a los que se les agrega por su poder estimulante —ya sea la sustancia extraída de sustratos naturales o fabricada sintéticamente—, como las bebidas carbonatadas, tanto de cola como de otro sabor, algunos analgésicos, especialmente aquellos que se usan para tratar los dolores de cabeza, supresores del apetito y medicamentos para el resfriado.

Vale la pena decir que la cafeína se absorbe más fácilmente cuando se consume en frío y cuando se consume acompañada de gas carbónico —el que hace que las bebidas burbujeen—, por lo que los refrescos carbonatados y las bebidas energéticas constituyen la fuente que se absorbe más rápidamente, pues llega al torrente sanguíneo apenas unos minutos después de ser ingerida. Y es que la cafeína tiene un efecto sobre quién la consume. No es coincidencia que se encuentre en la lista de las sustancias restringidas para los deportistas de alto rendimiento, quienes no pasan una prueba de dopaje si en su torrente sanguíneo tienen una concentración mayor a 12 microgramos por mililitro.

La cafeína es, al mismo tiempo, un estimulante y un ligero diurético. Como estimulante, estimula la actividad intelectual y la creatividad, manteniendo en estado alerta al consumidor; en esta acción, también está implicado un incremento en los niveles de adrenalina y noradrenalina, sustancias que secreta el cuerpo cuando está ante un peligro y que le permite actuar rápida y precisamente. Sin embargo, el efecto estimulante de la cafeína es pasajero, ya que a nivel bioquímico la cafeína agota la vitamina B1, encargada de transformar los hidratos de carbono en energía.

En dosis moderadas, la cafeína tiene los siguientes efectos positivos:

• Estimula el sistema nervioso central.
• Estimula el músculo cardiaco, aumentando su frecuencia.
• Estimula el sistema respiratorio, aumentando la velocidad de respiración y, por lo tanto, la capacidad de oxigenación de la sangre.
• Reduce la sensación de cansancio.
• Agudiza la percepción.
• Es vasodilatador y/o vasoconstrictor; de allí su capacidad de aliviar dolores de cabeza y migrañas.
• Minimiza los síntomas de la intoxicación alcohólica: aunque no ayuda a excretar el alcohol, estimula al sistema nervioso deprimido por alcohol y contrarresta los efectos visibles.
• Es diurético; este efecto tiene que ver con que el cuerpo reconoce a la cafeína como una sustancia tóxica y la diluye en agua para excretarla lo más rápido posible a través de la orina.
• Retrasa la fatiga.

A pesar de lo anterior, la cafeína tiene una serie de efectos no deseados. Por ejemplo, activa la secreción de la adrenalina y la noradrenalina, pero no estimula los mecanismos para renovar las reservas que se van agotando; por esta razón, después de un largo período de consumo—más de 6 tazas en un mismo día—, el organismo siente que necesita reposo y cae en un estado de aletargamiento para reponer las energías gastadas. Si se vuelve a tomar café —que es lo que se suele hacer al día siguiente, cuando se experimenta el cansancio— se incrementa la dosis necesaria para conseguir los efectos deseados.

Tarde o temprano, la cafeína pasa factura. Aunque no es una sustancia adictiva en sentido estricto —ya que el cuerpo logra excretarla pocas horas después de haber sido consumida, y la no ingesta no causa síndrome de abstinencia—, sí es verdad que una persona que depende de la cafeína para sentirse despierto, requerirá de una dosis cada vez mayor para lograr el mismo efecto.

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