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Comprendiendo nuestros procesos digestivos y el papel de la microbiota en el bienestar
Comprendiendo nuestros procesos digestivos y el papel de la microbiota en el bienestar

Comprendiendo nuestros procesos digestivos y el papel de la microbiota en el bienestar

Primera parte
Cocina con Alegría

Recetas de comida, botanas, postres, ensaladas y mucho más, y los mejores consejos de nuestros chefs, nutriólogos y coaches

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El Es curioso pensarlo, dentro de nuestros intestinos el ambiente no es tan estéril como en el resto de nuestro cuerpo. De hecho, si pudiéramos ver nuestro sistema digestivo con un gran microscopio, nos encontraríamos con que nuestro intestino delgado está formado por una pared muy rugosa forrada de vellosidades que se mueven, y que tiene tantos pliegues que sus casi siete metros caben en una cavidad intestinal de cerca de 30 centímetros de alto y 40 de profundidad. Estos pliegues y vellosidades sirven para absorber los nutrimentos contenidos en los alimentos y que son incorporados al torrente sanguíneo, desde donde se distribuyen a las células que los necesitan.

Este proceso es fascinante, ya que para romper las estructuras de los alimentos y absorber cada sustancia nutritiva, el organismo cuenta con una enzima —una proteína que se encarga de romper moléculas— específica que se encarga del desdoblamiento y absorción de cada elemento nutritivo. Así, tenemos enzimas para desdoblar proteínas, otras que se encargan de la absorción de las grasas, y otras más que sirven para procesar los hidratos de carbono – azúcares y harinas.

Los residuos de los alimentos, conformados por las sustancias que no son útiles al cuerpo, van circulando por el intestino delgado y después por el grueso, formando el bolo fecal. Este proceso es más eficiente cuando la persona consume fibra, que se encuentra en alimentos de origen vegetal y está conformada por dos grupos de sustancias:

• Fibra soluble: gomas, pectinas, mucílagos y ligninas, que físicamente son sustancias pegajosas y viscosas que se adhieren a las paredes intestinales y, que cuando se consumen, hacen que el intestino —que normalmente es áspero y rugoso— se vuelva resbaloso, lo cual ayuda notablemente a la digestión, pues el tránsito se vuelve rápido y libre de dolor. Además, se evita la absorción completa de moléculas grandes como el colesterol, que puede ser dañino para la salud. Las únicas fuentes de fibra soluble son las verduras, frutas, semillas y alimentos de origen vegetal, entre las que destacan la chía, linaza, el nopal, la papaya, la ciruela pasa y la avena. De hecho, existen estudios que demuestran que consumir avena diariamente en el desayuno, no sólo ayuda a tener una mejor digestión sino que disminuye los niveles de colesterol en sangre, evitando el riesgo de enfermedad cardiovascular.

• Fibra insoluble: está contenida en las cascarillas de los cereales, por lo tanto, en los productos integrales como panes, harinas y cereales de desayuno, en las cáscaras de las frutas y en la parte crujiente de las verduras. Estas sustancias, cuando se consumen con suficiente agua, se hinchan en el interior del intestino, dándole consistencia al bolo fecal y facilitando su excreción.

Cuando una persona consume fibra regularmente, no sólo su digestión es más rápida y constante, sino que se ayuda a evitar muchas enfermedades como los divertículos o pólipos, el estreñimiento, las hemorroides y hasta el cáncer de colon. Además, si toma abundante agua, tendrá una piel más limpia, libre de espinillas, y un sudor con poca intensidad de aroma.

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