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El centinela del amor eterno
El centinela del amor eterno

El centinela del amor eterno

Una leyenda de amor cubierta por la nieve
Cocina con Alegría

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Se avecina el día de San Valentín… flores, ricos chocolates, tarjetas, peluches, cenas románticas y una serie de detalles envuelven a tan romántico día. Historias de amor como Cupido, San Valentín, Romeo y Julieta, la Celestina son tema central del 14 de febrero, pero México también cuenta su propia historia de amor: la leyenda del Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

Cuenta la leyenda que cuando el imperio Azteca dominaba el Valle de México, tenía como práctica someter a los pueblos vecinos, obligándoles rendir un tributo. Fue entonces cuando el cacique de los Tlaxcaltecas, enemigos de los Aztecas, cansado de esta terrible opresión, decidió luchar por la libertad de su pueblo. El cacique, padre de Iztaccíhuatl (Mujer dormida), quien depositó su amor en el joven Popocatépetl (Cerro que humea), uno de los más apuestos guerreros de su pueblo, concedió la mano de su hija al guerrero y prometió recibirlo con una gran celebración si regresaba victorioso de la batalla.

Popocatépetl guardó en su corazón la promesa de que la princesa lo esperaría para consumar su amor, pero un joven enamorado de Iztaccíhuatl le hizo creer que su prometido había muerto en batalla; abatida por la tristeza y sin saber que todo era mentira, la princesa murió.

Tiempo después, Popocatépetl regresó victorioso con la esperanza de ver a su amada; sin embargo, recibió la terrible noticia sobre el fallecimiento de la princesa.

Entristecido por la noticia decidió hacer algo para honrar su amor y que el recuerdo de la princesa permaneciera en la memoria de los pueblos.

Mandó construir una gran tumba ante el sol, amontonando diez cerros para formar una enorme montaña. Tomó entre sus brazos el cuerpo de su princesa, lo llevó a la cima y lo recostó inerte sobre la gran montaña. El joven guerrero le dio un beso póstumo, tomó una antorcha humeante y se arrodilló frente a su amada para velar así su sueño eterno.

Desde aquel entonces permanecen juntos, uno frente a otro cubiertos de nieve, convirtiéndose en dos enormes volcanes. Y cada fumarola que emana el volcán Popocatépetl es el recuerdo vivo por su amada, el fuego de la pasión eterna… El centinela del amor eterno.

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